
A finales de los años ochenta, con ocasión de un viaje a Sevilla, recuerdo que José Manuel Rubio Recio, Catedrático de Geografía Física en aquella Universidad, organizó una excursión al Parque Nacional de Doñana, que, como dijo y luego confirmó, conocía “como la palma de la mano”. Buena parte de esa familiaridad con el magnífico entorno natural que se extiende junto a la desembocadura del Guadalquivir la había adquirido de sus contactos, relaciones, encuentros y experiencias compartidos durante muchos años con José Antonio Valverde Gómez, al que siempre le cupo la distinción y el reconocimiento de ser considerado como “el padre de Doñana”. De origen vallisoletano (1926), biólogo y afín a los métodos de los geógrafos, fue desde 1987 hijo predilecto de Andalucía y premio Castilla y León de Conservación de la Naturaleza y Medio Ambiente en su primera edición (1989).
En aquel viaje, el profesor Rubio Recio nos presentó a José Antonio Valverde, con quien mantuvimos una reunión de varias horas, que fueron una auténtica delicia, pues nos permitieron descubrir lo que había sido su ingente tarea en pro de la defensa de ese espacio excepcional, los sinsabores de sus empeños, las incertidumbres a que se enfrentaba, la difícil lucha emprendida contra el proyecto ministerial de desecación de la zona, aunque felizmente todo ello culminó en la valoración oficial de su relevancia ecológica cuando en 1969 se le otorgó la condición de Parque Nacional, iniciativa a la que también contribuyeron las actuaciones desplegadas en ese sentido por prestigiosos naturalistas británicos y estadounidenses, que secundaron las posiciones defendidas por Valverde. Éste falleció en 2003 adornado por el prestigio inmenso que adquirió como resultado de la labor llevada a cabo.

Hoy ha llegado a mis manos una obra que lo recuerda con el rigor y la seriedad que esa hazaña merecen. La ha escrito Jorge Molina, un joven onubense que sabe muy bien de lo que habla y que ha llevado a cabo una interesante tarea de recopilación de datos, con el fin de poner en evidencia lo que supuso la “salvación” de Doñana del destino agrario y cinegético con que su aprovechamiento habia sido concebido. El libro lleva un título elocuente - “Doñana, todo era nuevo y salvaje” – y ha sido editada por la Fundación Lara. Su estilo es claro, su estructura coherente, sus referencias curiosísimas, su pretensión más que justificada. Una obra sencilla y grande a la vez, de gran interés geográfico, y, desde luego, necesaria para entender la historia del conservacionismo en España y la lucha que hizo posible la preservación de uno de los espacios naturales más singulares de Europa.
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