Este blog pretende contribuir al desarrollo y fortalecimiento de la cultura y de la sensibilidad territorial ante las múltiples manifestaciones de agresión y deterioro a que se ven sometidos los paisajes como consecuencia de actuaciones frecuente y deliberadamente insensibles con la calidad y los recursos que los identifican.


Desea significar el compromiso de la Geografía y de los geógrafos con la defensa de la calidad de los territorios
y

de las buenas prácticas en el ejercicio de la acción pública y en sintonía con los objetivos y principios contemplados

en el Manifiesto por una Nueva Cultura del Territorio.


Planteado también con fines didácticos, se concibe como un documento aplicable a la docencia, así como un espacio de encuentro, comunicación y debate con los estudiantes y profesores de Geografía, y con quienes se interesen

por la evolución y los métodos de esta disciplina, por la utilidad e importancia de la información geográfica,

por su dimensión aplicada y por las políticas relacionadas

con la Ordenación, el Gobierno y el Desarrollo del Territorio.


viernes, 28 de octubre de 2011

Ordenación y desarrollo territorial en las campiñas meridionales del Duero

Ignacio Molina y Fernando Manero (Universidad de Valladolid) a ambos lados de Maria Teresa Rebollo (Concejala de Cultura del Ayuntamiento de Medina del Campo)

Conocer mejor nuestra tierra para mejor gobernarla: no otra es la pretensión que nos motiva a quienes cultivamos el a veces incomprendido oficio de interpretar geográficamente el territorio con el fin de ordenarlo bien. ¿De qué otra forma podría abordarse la solución de sus problemas sino a partir de una clara fundamentación de sus causas y teniendo en cuenta al tiempo las posibilidades que existen para neutralizarlas u orientarlas en la dirección correctora y más adecuada? De cuando en cuando procuramos dar prueba de este empeño en público, a sabiendas de que no siempre es fácil encontrar la palabra adecuada para mantener la atención de un auditorio que en estos temas - pues de nada baladí se trata - es cada vez más exigente y al que le cuesta tragar con ruedas de molino. Se trata, para precisar las cosas, de dejar la semilla del argumento, sólido y convincente, en el campo más o menos abonado para que pueda germinar en acciones al servicio de la comunidad y del propio espacio en el que vive.

Mi compañero Ignacio Molina dio cumplida cuenta ayer de sus saberes y destrezas en el Ayuntamiento de Medina del Campo, en acto presidido por una amable anfitriona, representante del gobierno local. Trataba nada de menos que de inspirar confianza en el espacio estudiado como tema de Tesis Doctoral, que yo dirigí, y que ahora se presentaba como documento útil para la toma de decisiones. ¿El resultado? On verra, pero confieso que salí moderadamente satisfecho. Me limité a acompañarle y a comentar, discretamente pero sin ambigüedad, lo que vale la técnica, bien cultivada, de la Geografía.

domingo, 23 de octubre de 2011

"Los espacios de la indignación": análisis e interpretación de Leopoldo Uría


Los movimientos sociales proyectados en la calle provocan una impronta espacial de primera magnitud. La Historia ofrece ejemplos significativos que evidencian la diversidad de modalidades e impactos ofrecida en la ciudad por la rebeldía popular frente a las situaciones que la inducen o justifican. En torno a esta cuestión, de gran interés histórico y de indudable actualidad, han girado las reflexiones efectuadas por Leopoldo Uría, catedrático de la ETS de Arquitectura de la Universidad de Valladolid, en su conferencia sobre “Los espacios de la indignación” impartida dentro de las actividades llevadas a cabo por la Asociación Cultural Ciudad Sostenible, a la que pertenezco.

Su intervención estuvo sustentada en un concepto que empleó como argumento y soporte esenciales de las ideas expuestas. Se trata de la noción de Proxémica, acuñada en los años sesenta del siglo XX por Edward T. Hall para definir las distancias y vínculos establecidos por las personas entre las que se establecen formas de relación y de comportamiento plasmadas en un espacio determinado. Presentada, pues, como “una charla proxémica”, el objetivo de la reflexión no era otro que el de analizar, desde la perspectiva del arquitecto, de qué manera se preparan y organizan los escenarios para la acción humana tanto en las relaciones de convivencia como en las situaciones críticas. La proxemia se identifica ante todo con la ciudad, hasta el punto de que cuando la ciudad entra en crisis, o se difumina en formas de crecimiento que no fraguan sociedades cohesionadas, la proxemia desaparece o, más propiamente aún, se convierte en la “ciudad antiproxémica”.

La profusión de ejemplos que acreditan el valor de lo proxémico es extraordinaria. La alusión a Roma como punto de partida – con su referencia explícita a la dimensión desempeñada por el Foro como ágora primigenia de encuentro y condensador social – permite un recorrido a través del tiempo, en el que destacan hitos principales, asociados a la configuración de grandes espacios proxémicos – “el Vaticano es el espacio proxémico más importante de la historia”, señaló – que, omnipresentes en el tiempo, no han cesado de diversificarse y de abrirse a nuevas facetas de expresión, en las que lo lúdico y lo reivindicativo cobran una notable relevancia al tiempo que se entreveran en un muestrario de experiencias muy significativas y en muchos casos históricamente emblemáticas.

Centrando, sin embargo, la atención en el alcance espacial ofrecido por las manifestaciones de la indignación todo cuanto se relaciona con ella constituye una perspectiva primordial, tanto por el hecho de ser una forma de expresión y manifestación inherente a las sociedades como por su relevancia histórica. Su expresión más paradigmática remite necesariamente al concepto de “Revolución”, al que cabe asignar connotaciones polisémicas, ya que en torno a él gravitan objetivos y estrategias muy variables, por más que se muestren coincidentes con la motivación que los integra, es decir, el rechazo al poder o la contestación a una práctica que vulnera los objetivos que defienden y persiguen los “revolucionarios”. El repaso a la historia de las revoluciones nos ofrece un panorama tan rico de experiencias como complejo en cuanto a sus manifestaciones y resultados. Desde la rebelión de los esclavos bajo el liderazgo de Espartaco hasta las revoluciones que conmocionan en nuestros días el mundo árabe, el abanico es extraordinariamente amplio y los fenómenos y tensiones que lo acompañan se convierten en los símbolos representativos de cada una de las épocas en las que tuvieron lugar. En todo momento, implicaron cambios decisivos en la evolución histórica y su impronta en el espacio público ha marcado el fundamento en el que se basa su percepción temporal.



Llegados al momento actual, las reflexiones efectuadas por Uría sobre la protesta social surgida en España nos introducen en la valoración de unos hechos que no han cesado de cobrar trascendencia y visibilidad desde que hicieron su aparición a mediados de mayo de 2011, como expresión de "la voluntad de reivindicar la política desde los espacios públicos", en acertada expresión de López de Lucio. Su análisis revela aspectos importantes, que no pueden entenderse al margen del impacto que en los procesos de movilización han tenido las nuevas tecnologías de la información y de la implicación que en ellos han tenido aquellos sectores de la sociedad en los que, entre otros, se ha cebado la crisis y que remiten a dos categorías bien identificadas: los “sin futuro” y los “pre-parados”. En cualquier caso, prima en ellos la condición de “sin”: sin trabajo, sin futuro....



En cierto modo pudiera considerarse como un movimiento de nuevo cuño, que nos acerca a una “nueva proxémica”, en la que destacan una serie de rasgos no carentes de interés. Según Uría, el espacio del 15 M es: neutral (el espacio como valor en sí mismo), va asociado a las posibilidades que ofrece la centralidad de los ámbitos seleccionados y se distingue por el hecho de favorecer una gran proyección mediática. A estos caracteres habría que sumar otros que igualmente lo definen: son espacios permanentemente abiertos al debate entre quienes en ellos confluyen, se dotan de una simbología propia en la que el gesto y el mensaje - con textos variados y con frecuencia de pronta y contundente asimilación, que hacen suyas las inmensas posibilidades abiertas por las redes sociales a través de Internet - adquiere gran importancia en su proceso de difusión y presenta además una tendencia a la recomposición, en la medida en que, aun desapareciendo temporalmente, sus convocados regresan a la plaza donde recuperan sus hábitos, mensajes y posturas anteriores como si no hubiera existido solución de continuidad. Y, lo que no es menos importante, en estos espacios prevalece el anonimato, la ausencia de liderazgos reconocidos y permanentes, de nombres representativos de la colectividad, capaces de asumir responsabilidades individualizadas respecto al grupo. En otras palabras, son espacios en las que “están todos juntos, pero de manera indiferenciada”.

De ahí precisamente sus incertidumbres. ¿Será esta sensación la que ha llevado a Zygmunt Bauman a suscitar la preocupación sobre su viabilidad futura? Con todo, es evidente que su huella espacial no puede ser minusvalorada.


lunes, 10 de octubre de 2011

La figura de José Antonio Valverde y la defensa del Parque de Doñana


A finales de los años ochenta, con ocasión de un viaje a Sevilla, recuerdo que José Manuel Rubio Recio, Catedrático de Geografía Física en aquella Universidad, organizó una excursión al Parque Nacional de Doñana, que, como dijo y luego confirmó, conocía “como la palma de la mano”. Buena parte de esa familiaridad con el magnífico entorno natural que se extiende junto a la desembocadura del Guadalquivir la había adquirido de sus contactos, relaciones, encuentros y experiencias compartidos durante muchos años con José Antonio Valverde Gómez, al que siempre le cupo la distinción y el reconocimiento de ser considerado como “el padre de Doñana”. De origen vallisoletano (1926), biólogo y afín a los métodos de los geógrafos, fue desde 1987 hijo predilecto de Andalucía y premio Castilla y León de Conservación de la Naturaleza y Medio Ambiente en su primera edición (1989).

En aquel viaje, el profesor Rubio Recio nos presentó a José Antonio Valverde, con quien mantuvimos una reunión de varias horas, que fueron una auténtica delicia, pues nos permitieron descubrir lo que había sido su ingente tarea en pro de la defensa de ese espacio excepcional, los sinsabores de sus empeños, las incertidumbres a que se enfrentaba, la difícil lucha emprendida contra el proyecto ministerial de desecación de la zona, aunque felizmente todo ello culminó en la valoración oficial de su relevancia ecológica cuando en 1969 se le otorgó la condición de Parque Nacional, iniciativa a la que también contribuyeron las actuaciones desplegadas en ese sentido por prestigiosos naturalistas británicos y estadounidenses, que secundaron las posiciones defendidas por Valverde. Éste falleció en 2003 adornado por el prestigio inmenso que adquirió como resultado de la labor llevada a cabo.


Hoy ha llegado a mis manos una obra que lo recuerda con el rigor y la seriedad que esa hazaña merecen. La ha escrito Jorge Molina, un joven onubense que sabe muy bien de lo que habla y que ha llevado a cabo una interesante tarea de recopilación de datos, con el fin de poner en evidencia lo que supuso la “salvación” de Doñana del destino agrario y cinegético con que su aprovechamiento habia sido concebido. El libro lleva un título elocuente - “Doñana, todo era nuevo y salvaje” – y ha sido editada por la Fundación Lara. Su estilo es claro, su estructura coherente, sus referencias curiosísimas, su pretensión más que justificada. Una obra sencilla y grande a la vez, de gran interés geográfico, y, desde luego, necesaria para entender la historia del conservacionismo en España y la lucha que hizo posible la preservación de uno de los espacios naturales más singulares de Europa.


domingo, 9 de octubre de 2011

La postergación del "Nuevo Valladolid"


La crisis ha paralizado los proyectos urbanísticos más ambiciosos. A bombo y platillo, con toda la parafernalia de que es capaz, el Ayuntamiento de Valladolid, dio a conocer en 2008 la propuesta de reestructuración urbanística - Modificación del Plan General para la reordenación de la red ferroviaria central - en el espacio liberado en el entorno de la estación como consecuencia del soterramiento ferroviario, que daría lugar a la disponibilidad de un total de 98,61 Has. Con ello -véase el documento completo - se pretendía alumbrar “el nuevo Valladolid”, asociado la liberación de un "importante espacio central" y a la realización de una serie de operaciones de envergadura, entre las que destacaba fundamentalmente la creación de una gran avenida, de cuatro kms. de largo y 60 metros de ancho, que modificaría totalmente la fisonomía de la ciudad en este sector al tiempo que facilitaría la vertebración de los barrios del este con el centro, históricamente separados - y de qué manera - por el trazado del ferrocarril. A lo largo del eje configurado, y enlazados entre sí por un corredor verde, se construirían tres barrios - Talleres, Ariza y Argales - en los que se preveía la construcción de 5.972 viviendas, de las que 1.792 serían de protección oficial. El coste de la operación ascendería a 1.100 millones de euros.

Todo ello ha quedado puesto en entredicho porque el sistema de financiación previsto se enfrenta a una gran dificultad. Concebido en momentos de euforia – aunque hay que reconocer que, cuando se aprobó el proyecto, los síntomas de la crisis económica eran ya perceptibles – la operación debía ser financiada, en el 85 % de su coste, mediante la venta de los terrenos urbanizables hasta entonces ocupados por los talleres de RENFE y las vías férreas. El resultado no se ha hecho esperar: retraso en los plazos de ejecución del soterramiento y, por ende, paralización completa del proyecto diseñado por Richard Rogers. El propio arquitecto lo ha señalado con motivo de una visita a la ciudad del Pisuerga. Sus declaraciones en este sentido son elocuentes: no sólo habrá que “repensar el proyecto”, aunque no dice en qué sentido, sino que ante todo el horizonte de su ejecución se remite a un plazo de 25 años, un cuarto de siglo por delante. Suena a compromiso eludido, a aplazamiento sine die, a postergación relegada en la memoria y ni siquiera ya propensa al debate, máxime cuando la propia opinión del gobierno municipal apunta ya claramente en esa dirección. Un síntoma inequívoco de los nuevos tiempos de hogaño frente a la fanfarria de antaño.


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